Un modelo de agricultura sostenible
Lucía GE - 17.01.2019 | La Laguna
Es una realidad que la producción ecológica está ganando terreno en las actividades del sector primario. En 2017, la ganadería y la agricultura ecológicas facturaron más de 2 000 millones de euros en España, un 15% más que en 2016. Además, nuestro país encabeza el ranking de producción de este tipo con más de dos millones de hectáreas, según los informes del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
La agricultura ecológica, también llamada biológica u orgánica, es un sistema de producción que combina la biodiversidad con el uso de recursos y materias primas únicamente naturales. Asimismo, busca crear empleo, fomentar un desarrollo sostenible del mundo rural y frenar la contaminación medioambiental. Pero, ¿en qué se basa este tipo de agricultura?
Según la Comisión Europea, algunos de los requisitos básicos de este modelo de producción son la limitación del uso de pesticidas sintéticos y químicos y la prohibición del uso de organismos modificados genéticamente. No obstante, la agricultura ecológica abarca hasta los procesos de distribución y transporte, respetando al máximo el medio ambiente.
Los agricultores y comerciantes que desempeñen su labor de manera ecológica y quieran utilizar el logotipo orgánico de la UE deberán cumplir los requisitos estrictos que se establecen en el reglamento oficial aprobado en 2007. Basándose en ese documento, la UE controla anualmente a cada operador que trabaje con productos ecológicos para asegurarse del cumplimiento de las normas. No obstante, el Consejo de la Unión Europea derogará y sustituirá el reglamento de 2007 por uno actualizado que entrará en vigor en 2021, en el que se pueden leer algunas nuevas normas: "La certificación será más fácil para los pequeños agricultores gracias a un nuevo sistema de certificación grupal".
Antonio Perdomo Molina, profesor de Ingeniería Agraria en la Universidad de La Laguna e ingeniero técnico agrícola con especialidad agropecuaria, está convencido de los beneficios de la agricultura ecológica. Explica que este reglamento asegura la no utilización de productos químicos en la producción. Afirma que el primer beneficiado es el propio productor: "El que más recibe esas sustancias nocivas para la salud es el agricultor. Cuando se emplean productos no naturales no se sabe qué consecuencias ni efectos va a tener para las personas que lo consuman ni para el medio ambiente".
Antonio Perdomo: "Si se produce un 20% menos, el precio aumenta un 20%"
De la misma forma, Perdomo explica que se comprueba científicamente que cada producto sintético que se aplica no hace daño a la salud, pero aclara que "lo peligroso es la combinación de varios, que puede ser mortal". Por tanto, considera que "aunque las verduras y frutas no sean brillantes, la calidad de un producto ecológico se nota, y se percibe en la salud".

Y entonces, ¿por qué no se consume este tipo de productos? La razón generalizada es por su alto precio. Efectivamente, los productos ecológicos son más caros. Según Agricultures, el motivo del elevado coste es la forma de producción: no utilizar sustancias sintéticas supone limitaciones importantes en la productividad. El profesor Perdomo Molina lo explica: "Todo depende del tipo de cultivo pero, en general, si se produce un 20% menos, el precio aumentará un 20%". Añade que no por ser agricultor ecológico se obtienen productos peores, sino menos brillantes y que se conservan menos tiempo que uno convencional.
Desde su punto de vista, la agricultura convencional "es injusta" porque "destruye el medio ambiente y la salud", y opina que la solución está en manos de los consumidores: "Dejar de comprar en las grandes superficies y cambiar los hábitos de consumo".
Por su parte, Adolfo Trevilla, quien regenta el supermercado ecológico The Green Family, comenta que desde que abrió el negocio en 2014, las ventas han aumentado: "No sé si es por un mayor interés por lo ecológico o porque nos van conociendo. Pero estoy seguro de que hay gente que prueba este tipo de alimentación y no vuelve a la convencional". "No podemos negarlo, estamos viviendo una revolución ecológica irreversible", expresa convencido.
Trevilla explica que la diferencia esencial entre un supermercado ecológico y uno común es la materia prima: "Todos nuestros productos están certificados con el sello de la UE". Igualmente, confiesa que sus clientes no solo van a comprar, sino que "se detienen a mirar el etiquetado" porque "son muy exigentes". Del mismo modo comenta que los precios son más altos porque los ingredientes ecológicos son más caros: "Unas galletas ecológicas no tienen nada que ver con unas convencionales; la materia prima es más cara". "Unas alimentan y las otras solo sacian", sentencia.
Es por este motivo por lo que el propietario de The Green Family considera justificado el aumento de precio: "Pagar más por una lechuga significa que ha costado más producir esa lechuga. El productor no gana más". Aunque para Trevilla su supermercado sea un simple negocio, se siente orgulloso porque opina que "el sistema de producción actual no es sostenible" y, por tanto, tarde o temprano "la gente se va a cambiar a lo ecológico".
Soto: "La subvención por producir ecológico es importante, pero la gastamos en el cultivo"
Por su parte, Damián Soto, agricultor y dueño de la finca Los Pasitos en La Orotava, comenta que desde hace un año realiza su labor de manera ecológica. Hace 8 años que se dedica a la agricultura y actualmente tiene 900 aguacateros repartidos en dos grandes terrenos. Soto confiesa que "la subvención por ser productor ecológico es importante, pero realmente no ganamos más porque la tenemos que utilizar para el cultivo". Aunque todavía tiene que esperar un año para poder etiquetar sus aguacates como ecológicos, es consciente de que el precio no va a subir: "Los aguacates convencionales son ya muy caros".
El caso de Damián Soto es poco común porque la realidad es que la mayoría de agricultores, en la actualidad, no son ecológicos. Como por ejemplo Sergio Báez, empleado en un negocio familiar de agricultores y comerciantes que lleva varias generaciones en el mundo del cultivo agrícola. Bajo su punto de vista, la compra y venta de productos ecológicos está estancada: "Todavía no hay cultura de la ecología. En nuestro negocio, en un año, apenas una persona nos pregunta si tenemos algo ecológico".
Aunque Báez defiende la agricultura ecológica, no está convencido de que en un futuro lo único que se venda sea ecológico: "Los productos son más feos, más pequeños y menos apetecibles. Los consumidores tienen el poder; si no demandan productos ecológicos, no se venderán". No obstante, él es consciente de que los cultivos ecológicos son mucho más sanos que los convencionales, pero "la gente todavía no se detiene a mirar eso, sino el bolsillo", asegura.
Del mismo modo, el empleado no entiende por qué son tan caros: "Los costes de producción son los mismos o incluso menores porque no se utilizan productos químicos. Es una contradicción venderlos a un mayor precio". Por su parte, considera que "el auge del ecologismo en los últimos años es psicológico". "Muchos consumidores se pasan a lo ecológico porque se está volviendo una moda", dice convencido Báez. Finalmente, añade que "si los consumidores comienzan a demandar productos ecológicos, no quedará otra opción que comenzar a cultivarlos y a venderlos".
Todo apunta a que las prácticas ecológicas han llegado para quedarse. A pesar de que la producción y el consumo convencionales superan enormemente a los ecológicos, el rendimiento de estos últimos podría ser solo un 13% menor si la gestión fuera la adecuada, según un estudio de la Universidad de Minnesota y la Universidad de McGill del que hablan en Ecología Verde. Por su parte, los consumidores ya cuentan con las herramientas necesarias para informarse de lo que comen, pudiendo crear una opinión crítica para decidir qué productos consumir. Si eligen los alimentos menos nocivos para la salud y para el medio ambiente, la agricultura ecológica sería la más adecuada para producirlos.
